YA NO NOS QUEDA NI EL AGUA

Publicado en septiembre 18, 2023, 10:09 am

Dicen que había una pareja durmiendo en una tienda de campaña. A la media noche la mujer le dice al marido: Mira al cielo y dime qué es lo que ves. El marido contestó: veo millones de estrellas. ¿Y eso qué te indica?, volvió a preguntarle. Él volvió a responderle: desde un punto de vista astronómico me indica que existen millones de galaxias y, por lo tanto, billones de planetas. Y a ti, ¿qué te indica?, preguntó el marido.
Tras un corto silencio la mujer respondió: que eres cada día más despistado, ¡¡nos han robado la tienda de campaña!!

De la misma manera en que en el chiste a ese hombre le habían quitado la tienda de campaña sin que tan siquiera se diese cuenta… De esa misma manera un grupo de “filántropos” internacionales están robando nuestro país (y otros muchos) sin que la mayoría de nosotros nos enteremos de lo que nos está ocurriendo.

La idea de este artículo es terminar hablando del expolio y crimen que se está llevando a cabo con el tema del agua. La maldad que se esconde tras los grandes usurpadores del agua. Este tema no es más que otro tentáculo de ese parásito internacional que quiere chupar toda la savia de este mundo para instaurar un gobierno mundial a costa de acabar con gran parte de la población. A ese gran parásito internacional le podemos llamar de muchas maneras: masonería, Illuminatis, globalistas, fabianos, etc. Todos ellos, se nombren como se nombren, están comandados por el mismo pequeño grupo de individuos. Desde hace algunos cientos de años se han esforzado mucho con la única intención de invertir el orden moral establecido por el cristianismo y, a la vez, reducir de manera drástica la población para que los pocos que queden no tengan otra opción que servirlos a ellos: NO TENDRÁS NADA Y SERÁS FELIZ.

Han utilizado durante todos esos siglos todos los medios que han tenido a su alcance (revoluciones, falsas filosofías, ideologías nefandas, aborto, mentiras de género y todo tipo de infiltraciones en organismos que habían funcionado bien hasta que ellos los poseyeron), y siguen inventando medios nuevos para, tras producir la quiebra mundial, construir (según pretenden) un nuevo orden mundial. España está siendo atacada por esta secta capitalista-financiera-globalista-satánica (a la cual sirven las izquierdas y gran parte de la derecha) desde el principio de la transición, ya que el intento anterior durante la Segunda República, cuando pretendieron sovietizarla (así es, ya que fueron los fundadores encubiertos del comunismo), no les salió muy bien.

Al día de hoy están intentando destruir nuestra Nación sirviéndose de una pléyade de esbirros a los que han conseguido poner al frente de nuestro país. A través de insurrecciones independentistas, políticas de género, de aborto, migratorias, sanitarias… e implantando medidas para conseguir desmantelar la agricultura, la ganadería, la pesca, la industria, saboteando nuestro desarrollo energético y eliminando la clase media… Ya casi lo han logrado. Pero, para seguir exprimiendo el limón y sin ningún tipo de escrúpulos, ahora vienen por el agua. Todo esto llevado a cabo de manera lenta (aunque muy acelerada en estos últimos años) y no por la fuerza de las armas, como en otros países, disfrazadas de “primaveras” que ellos mismos han provocado de manera muy sibilina. En nuestro país están desarrollando otra táctica más pérfida y no tan clara como las revoluciones por control remoto (como en Ucrania, por ejemplo). La herramienta que utilizan en España y otros países occidentales se llama Agenda 2030, que se apoya en la falsedad del calentamiento global.

A través de esta herramienta están consiguiendo robarnos toda nuestra riqueza, y tras haber asestado golpes muy graves a todo el sector primario, ahora le toca el turno al agua. Daremos unas pinceladas en este artículo sobre ese asunto, pero, para recabar mejor información, pueden ver el testimonio de Alberto Vázquez Figueroa (Santa Cruz de Tenerife, 11 de octubre de 1936), que es un novelista, periodista e inventor español, autor de más de cien libros y uno de los autores contemporáneos más leídos en España y en el mundo.Fue corresponsal de La Vanguardia y de Televisión Española y es propietario de la empresa Desalinizadora A.V.F. S.L., encargada de gestionar la desalación por presión, método inventado por él mismo. Y también el de Pilar Esquinas, abogada especializada en Derecho de Agua, Medioambiente y Agrícola, fundadora de AGUAIURIS, Organización de Usuarios y Consumidores de Agua.

Vázquez Figueroa, cuenta que al poco tiempo de haber inventado una desaladora que transformaba el agua a un costo casi gratis, lo llamó una gran empresa y le hizo una oferta muy suculenta por su patente, unos cuatrocientos millones de las antiguas pesetas. Cuando les preguntó que cuando empezaban a instalarlas, quedó muy sorprendido porque le dijeron que esa desaladora no la pensaban construir. Es decir, querían la patente para eliminar ese proyecto. Hay que recordar que la privatización del suministro de agua se convirtió en la vía rápida de muchos ayuntamientos para obtener liquidez, hipotecando así el futuro de los vecinos durante las décadas que dura la concesión. En la actualidad, según los datos recopilados por la Red Agua Pública (RAP) y la Asociación Española de Operadores Públicos de Abastecimiento y Saneamiento (AEOPAS), el 55% del abastecimiento de agua en España se encuentra en manos privadas. Dentro de ello, el 87% está gestionada por dos únicas multinacionales: Agbar, filial de la francesa Suez, y Aqualia, propiedad de FCC y de un fondo de inversión australiano. 

 Vázquez Figueroa, sigue contando que, tras haber concebido el proyecto de las desaladoras, fue citado por el director de la empresa que gestionaba el agua de Las Palmas. Este le vino a decir claramente que jamás permitirían que se construyera su desaladora en ninguna parte. En aquel entonces esta empresa tenía la concesión de desaladoras fabricadas por el propio gobierno de España. El costo de desalar con ellas eran 90 pesetas el metro cúbico. Y ellos la estaban vendiendo a 180 o 200. La de Alberto era capaz de producir esa agua a un costo de 15 pesetas metro cúbico, y por eso no les era rentable porque, como máximo, podían vender el metro al doble de su precio, con lo cual pasaban de una ganancia de 100 pesetas a 15.

Hasta aquí nada nuevo bajo el sol. Muchos ya sabían, hace ya mucho tiempo, que estos poderosos mundialistas se han dedicado por siglos a bloquear las nuevas tecnologías que fueron surgiendo de manera espontánea, para evitarse competencias y lograr hacerse ellos con el control de los beneficios del mercado mundial, sin importarles que esa tecnología pudiese poner al alcance de muchas personas que sufren los medios necesarios para subsistir y desarrollarse. Pero en los últimos tiempos han llegado más lejos. Ya no solo bloquean la tecnología, ahora se dedican, además, a desmantelar lo que ya teníamos. Ahora se dedican a saquear lo que tenemos para así empoderarse de manera global y quedar ellos como los únicos dueños de todo. Están convirtiendo el agua en un negocio que ya cotiza en bolsa. No hay que olvidar que el agua es un derecho y no una mercancía. De todas maneras les importa muy poco que el agua sea un derecho, ya que no solo quieren enriquecerse a costa de NUESTRA AGUA, sino que lo que subyace más en lo hondo es apoderarse de ella para empobrecernos y así manipularnos y orientarnos hacia sus metas de control poblacional y eliminación de las libertades (el que no colabore no tendrá acceso al agua). Para eso, todo tiene que pasar a sus manos: la agricultura, la pesca, la ganadería… Y, ahora, el agua. Cada vez existen menos propietarios y todo está pasando a manos de multinacionales como Blackrock y Vanguard.

Unas de las pocas infraestructuras que en España funcionaban bien en los últimos tiempos eran las presas y los pantanos, donde garantizábamos la demanda de agua para uso humano y agrícola. Sin embargo, esas presas y esos pantanos se están demoliendo, precisamente en el momento donde la energía está en su más alto precio y la agricultura está siendo muy afectada por la escasez. La Vanguardia daba esta noticia, pero adornándola como un avance:

España lideró en 2021 la lista de países de Europa con un mayor número de barreras fluviales (presas, represas, azudes y similares) suprimidas o desmontadas con el objetivo de recuperar el curso natural de los ríos y sus hábitats, según el informe Dam Removal Progress 2021 publicado por la coalición de entidades en defensa de los ríos, Dam Removal Europe. 

El liderazgo de España en este ranking fue en 2021 numéricamente incuestionable, con 108 obras o estructuras demolidas o retiradas en 2021, muy por delante de Suecia (40), Francia (39), Finlandia (16) y Reino Unido (10), detalla el informe.

Menudo liderazgo el de España encabezando las listas de países que destruyen presas, máxime cuando somos el país más seco de los arriba mencionados, y esto tiene una razón de ser. Dice Pilar Esquinas:

España ha sido el epicentro y es el laboratorio de lo que se va a implantar a nivel mundial con el tema del agua. El problema que tenemos ahora mismo es que primero se ha atacado al agricultor, porque saben que no tiene medios para llegar y enfrentarse a esta gente. Solo hay cinco abogados especializados en derecho del agua en España. Todo lo están llevando a cabo con la excusa de restaurar los ríos (dejarlos que fluyan libres hasta el mar). Tradicionalmente, las culturas y legislaciones han considerado el agua como un derecho fundamental, un bien común que debe estar al servicio de todos. Pero esta idea empieza a tambalearse a medida que surgen las multinacionales del agua, sujetas a fondos de inversión, que quieren hacerse con este imprescindible recurso para la vida, para rentabilizarlo.

El 7 de diciembre de 2020 el agua empezó a cotizar en bolsa en España. Un bien común, considerado de dominio público, pasó a ser un valor bursátil. Pero la lucha por hacerse con uno de los recursos naturales más imprescindibles para la supervivencia, junto con el aire, empezó mucho tiempo atrás. Multinacionales ávidas de manejar el líquido elemento y ponerle precio operan en todo el mundo, planificando las autopistas del agua o el banco del agua.

Nos dicen que el agua es un bien escaso, pero en el colegio aprendimos que, según el ciclo del agua, es algo que se recicla, que está en constante transformación, pero que nunca se pierde: se evapora, cae en forma de lluvia, se almacena en el suelo. ¿Qué ocurre entonces?, ¿se ha roto este ciclo? El agua no es un bien escaso, es un bien al que le están aplicando las leyes del mercado y la idea de escasez para ponerle precio. Ahora mismo la única agua que no genera otra vez agua es la que está confinada en una tubería de PVC, pendiente de un contador. Y eso es lo que están haciendo. Están prohibiendo que se coja el agua de los pozos porque lo que a ellos les interesa, a los fondos de inversión y a las grandes corporaciones, es que solamente pueda servirse del agua que ellos manejan para que haya que pagar el precio que ellos fijan. Es un bien que, ahora mismo, está queriendo ser controlado por unos pocos para someter al resto. Si ya era una canallada no implementar la tecnología que se fue descubriendo para que el agua llegue a todas partes y a todos (como la desalinizadora de Vázquez Figueroa), lo que hacen ahora es lo siguiente: ya no boicotean solo los avances, sino que destruyen lo que tenemos para controlarla, encarecerla y de paso acabar con el sector primario para esclavizarnos. Y todo esto con la complicidad de nuestro Gobierno.

Corresponsal de España

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