DESCUBRIENDO A LA MASONERÍA VI

LAS CONDENAS Y EL PRINCIPIO DE LA INFILTRACIÓN EN LA IGLESIA
Publicado en febrero 04, 2024, 5:19 pm

Cuando hablamos de masonería, no hablamos de cualquier cosa ni tampoco nos referimos a algo puntual que acaeció en un momento concreto de la Historia y que pasó como tantas y tantas otras efemérides. Cuando hablamos de masonería, hablamos de un cuerpo tumoroso que se venía fraguando desde mucho tiempo atrás y que aflora con toda su intensidad perniciosa en 1717. Cuando hablamos de masonería, hablamos de la acción del diablo a través del hombre. Aunque, como ya hemos dicho en anteriores ocasiones, citando a Ricardo de la Cierva: No todos los masones son satánicos, pero todos los satánicos son masones.

En la historia documental de la Iglesia, quizás sea la masonería la que más documentos ha obligado a escribir condenándola. Pero no solo en la Iglesia ha merecido la masonería el “honor” de ser tan desgraciadamente mencionada, en muchos otros ámbitos también. Extraemos lo siguiente del Observatorio de la Masonería:

La Santa Sede no fue la primera ni la única en condenar y prohibir la masonería en dicho siglo. En 1735 lo hicieron los Estados Generales de Holanda; en 1736 el Consejo de la República y Cantón de Ginebra; en 1737 el Gobierno de Luis XV de Francia y el Príncipe Elector de Manheim en el Palatinado; en 1738 los magistrados de la ciudad de Hamburgo y el rey Federico I de Suecia; en 1743 la emperatriz María Teresa de Austria; en 1744 las autoridades de Avignon, París y Ginebra; en 1745 el Consejo del Cantón de Berna; el Consistorio de la ciudad de Hannover; en 1748 el gran sultán de Constantinopla; 1751 el rey Carlos VII de Nápoles (futuro Carlos III de España) y su hermano Fernando VI de España; en 1770 el gobierno de Berna y Ginebra; en 1784 el príncipe de Mónaco y el elector de Baviera Carlos Teodoro; en 1785 el gran Duque de Baden y el emperador de Austria José II; en 1794 el emperador de Alemania Francisco II, el rey de Cerdeña Víctor Amadeo y el emperador ruso Pablo I; en 1798 Guillermo III de Prusia, etc., por citar sólo los más conocidos.

Muchas más condenas podríamos exponer, pero por la abundancia que hay tendríamos que hacerlo en forma de libro. En este artículo trataremos de resumir tan solo las condenas que recibió la secta por parte de la Iglesia Católica desde 1738 hasta nuestros días. Cuando decimos que alguien ha conseguido “poner una pica en Flandes”, queremos significar que ha logrado algo muy meritorio o que ha conquistado un éxito. Pues, por desgracia, también hay que asumir que estos maestros de la mentira y del daño han logrado a día de hoy “poner una pica en la Iglesia”, han conseguido infiltrarla, pero como ya dijo Cristo: Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. No podrán acabar con la Iglesia, aunque cierto es que van a producir mucho daño.

Comenzamos con la bula IN EMINENTI de Clemente XII. Dice:

Reflexionando nosotros sobre los grandes males que ordinariamente resultan de esta clase de asociaciones o conventículos, no solamente para la tranquilidad de los estados temporales, sino también para la salud de las almas. Para que esta clase de hombres, lo mismo que los ladrones, no asalten la casa y como los zorros no trabajen en demoler la viña, no perviertan el corazón de los sencillos, y no los traspasen en el secreto de sus dardos envenenados; hemos concluido y decretado condenar y prohibir estas dichas sociedades, asambleas, reuniones, agregaciones o conventículos llamados de francmasones, o conocidos bajo cualquier otra denominación, como Nos los condenamos, los prohibimos por Nuestra presente Constitución valedera para siempre.

Clemente XII es categórico en este primer enunciado, y habla de dos peligros: uno, el que sufren los Estados por parte de estos zorros horadadores que desde la oscuridad y sin transparencia de ningún tipo maquinan contra los Estados. Y el otro es la salud de las almas, ya que son astutos y arteros en convertir el bien en mal y el mal en bien. Cuando dice “para siempre”, resulta profético porque, como podemos comprobar a día de hoy, no solo siguen actuando con más fiereza que entonces, sino que han conseguido infiltrarse en la misma Iglesia que los condena. Continúa:

Por esto prohibimos seriamente, y en virtud de la santa obediencia, a todos y cada uno de los fieles de Jesucristo de cualquier estado, grado, condición, rango, dignidad y preeminencia que sean, laicos o clérigos, seculares o regulares, aun los que merezcan una mención particular, osar o presumir bajo cualquier pretexto, bajo cualesquiera color que éste sea, entrar en las dichas sociedades de francmasones o llamadas de otra manera, o propagarlas, sostenerlas o recibirlas en su casa o darles asilo en otra parte, y ocultarlas, inscribirse, agregarse y asistir o darles el poder o los medios de reunirse. Esto bajo pena de excomunión en que incurren todos contraviniendo como arriba queda dicho, por el hecho y sin otra declaración de la que nadie puede recibir el beneficio de la absolución por otro sino por Nos o por el Pontífice romano que entonces exista, a no ser en el artículo de la muerte.

La claridad de visión de Clemente XII es un prodigio, porque cuando declara para siempre, no se equivoca, y al día de hoy dicha excomunión sigue vigente, aunque muchos pretendan hacer ver lo contrario.

El siguiente pontífice en condenar a la secta fue Benedicto XIV en la bula Providas Romanorum. Algunas afirmaciones:

Ya por la misma fama pública sabemos que algunas Sociedades, Uniones, Reuniones, Asambleas, Conventículos o Agregaciones comúnmente llamadas Masones o des Francs Maçons, o con otros nombres, se extienden en todas direcciones y se fortalecen día a día. […] llamados según la variedad de lenguas, en las que con estrecha y secreta alianza, según sus Leyes y Estatutos, se unen entre sí hombres de cualquier religión y secta, contentos con cierta apariencia afectada de honestidad natural. Tales Sociedades, con juramento estricto sobre las Sagradas Escrituras y con exageración de penas graves, están obligadas a guardar un silencio inviolable respecto de las cosas que realizan en secreto.

Pero como la naturaleza del delito es manifestarse y generar el ruido que lo denuncia, se sigue que las mencionadas Sociedades o Conventículos han producido tal sospecha en el ánimo de los fieles, según la cual, que hombres honestos y prudentes se inscriban en aquellos Agregaciones es lo mismo que estar manchadas con la infamia de la maldad y la perversión: si no actuaran inicuamente, no odiarían la luz tan decididamente. Esta fama ha crecido considerablemente, que dichas Sociedades ya han sido proscritas por Príncipes seculares en muchos países como enemigas de los Reinos, y han sido providentemente eliminadas.

Pio VII. Bula Ecclesiam a Jesu Christo, 1821:

Desde hace algún tiempo, esta Santa Sede, habiendo descubierto estas sectas, ha dado la voz de alarma contra ellas con voz alta y libre y ha revelado sus complots contra la Religión y contra la propia sociedad civil. En este punto es necesario recordar una sociedad nacida recientemente y extendida por toda Italia y otras regiones: aunque esté dividida en numerosas sectas y aunque a veces adopte nombres diferentes y distintos, debido a su variedad, sin embargo en realidad es uno solo en la comunidad de doctrinas y crímenes y en el pacto que se estableció; se le suele llamar dei Carbonari.

Y aunque con dos edictos promulgados por Nuestra Secretaría de Estado ya hemos proscrito severamente esta sociedad, sin embargo siguiendo a los mencionados Nuestros Predecesores pensamos decretar, de manera aún más solemne, graves penas contra esta sociedad, sobre todo porque los carbonarios pretenden, erróneamente, no estar incluido en las dos Constituciones de Clemente XII y Benedicto XIV ni estar sujeto a las penas y sanciones previstas en ellas. 

Vemos aquí que Pio VII habla de los “Carbonarios”. Esta rama de la masonería adquirió mucha fama cuando, tras una redada llevada a cabo en sus instalaciones, se le incautó documentación donde rebelaban sus planes a largo plazo. Este documento se dio en llamar Instrucción Permanente de Alta Bendita.

“Alta Vendita” era la logia más importante de los Carbonarios, una sociedad secreta italiana vinculada a la Masonería, que, juntamente con esta, fue condenada por la Iglesia Católica. El prestigioso historiador católico P. E. Cahill, S.J., al que no se puede tachar de “maníaco de las conspiraciones”, en su libro Freemasonry and The Anti-Christian Movement [La Masonería y el Movimiento Anticristiano], escribió que la Alta Vendita era comúnmente considerada en la época como el gobierno central de la Masonería europea. 

Los Carbonarios fueron muy activos en Italia y Francia (y en Portugal, principalmente de 1910 a 1926). Ellos pensaban (con mucha astucia) que como la masonería no podía eliminar totalmente a la Iglesia de Cristo atacándola desde fuera, tenían que destruirla desde dentro. Pretendían no sólo erradicar la influencia del catolicismo en la sociedad, sino también manipular la estructura de la Iglesia como un instrumento de “renovación”, “progreso” e “ilustración”; es decir, como un medio de promover muchos de los principios y objetivos masónicos. Al no poder destruirla atacándola desde fuera, elaboraron un plan a medio y largo plazo para infiltrarla, y, en vez de destruirla, una vez logrado, utilizarla como en su día utilizaron la estructura de aquella masonería que en sus principios nació cristiana. Visto a día de hoy, sorprende mucho lo que han logrado ya en este sentido. De la misma manera que Los Protocolos de los Sabios de Sion fueron una hoja de ruta para, a través de las guerras y las intrigas, conquistar los Estados, Alta Bendita es algo parecido, pero para infiltrar y apoderarse de la institución católica. También va en la misma línea la Agenda 2030, que al ser un documento público, y no privado como los anteriormente citados, se encuentran muy veladas sus torticeras intenciones. Transcribimos a continuación el texto completo incautado a los carbonarios. En el siguiente capítulo seguiremos hablando de las condenas papales:

Instrucción Permanente

El Papa, sea quien sea, jamás vendrá a las sociedades secretas. Son las sociedades secretas las que deben dar el primer paso hacia la Iglesia, CON MIRAS A CONQUISTAR A AMBOS.

La tarea que nos disponemos a emprender no es de un día, un mes o un año. Podría durar muchos años, quizás un siglo. Entre nuestras filas los soldados mueren, pero la batalla continúa.

No intentamos ganar al Papa para nuestra causa, ni hacerlo adepto a nuestros principios o propagador de nuestras ideas. Sería un sueño absurdo; y si en el caso de los prelados y cardenales, por iniciativa propia o sorpresivamente, llegasen a conocer parte de nuestros secretos, sería motivo suficiente para no hacer deseable su elección al solio pontificio. Tal elección supondría nuestra ruina. La sola ambición lo llevaría a la apostasía, y para obtener el poder se vería obligado a sacrificarse. A lo que debemos aspirar, lo que debemos pedir y esperar, como los judíos a su Mesías, es un papa que nos sea útil […]

De esa forma podremos emprender un camino triunfal en el asalto a la Iglesia, mucho más que por medio de los escritos de nuestros hermanos o que con el oro inglés. ¿Sabéis por qué? Porque para destruir la poderosa roca sobre la que Dios ha edificado su Iglesia ya no tenemos necesidad del vinagre de Aníbal, de la pólvora, ni de nuestros ejércitos. Es preciso meter en el complot a la mano del sucesor de Pedro, y esa mano es tan valiosa para esta cruzada como la de todos los Inocentes, Urbanos o San Bernardos de la Cristiandad.

No tenemos la menor duda de que nuestros esfuerzos se verán coronados por el éxito y alcanzaremos ese fin. ¿Cuándo? ¿Cómo? Todavía no nos es dado saberlo. A pesar de ello, como nada ni nadie debe apartarse del plan que se ha trazado tan meticulosamente, y como todos deberán empeñarse en su realización, como si ya a partir de mañana se pudiera realizar la labor que ahora esbozamos, queremos dar en estas instrucciones —que serán secretas para los iniciados novicios— consejos para los oficiales a cargo de la Alta Vendita, los cuales deberán inculcarlos a todos sus hermanos, en forma de instrucción o memorando. […]

Ahora bien, para tener un papa acorde con nuestras necesidades, es necesario formarlo primero. […] Para ese Papa, se moldea una generación digna del reino que soñamos. Dejemos pasar a los ancianos y los adultos. Empecemos a partir de los jóvenes y, de ser posible, hasta por los niños. […] Sin esfuerzo nos ganaremos la reputación de buenos católicos y grandes patriotas.

Esa reputación difundirá nuestra doctrina entre los sacerdotes jóvenes, e incluso en los monasterios. En pocos años, será inevitable que ese clero nuevo y joven llegue a ocupar todos los cargos, que forme el consejo reinante y se lo llame a elegir el Pontífice que deberá regir la Iglesia. Y como muchos de sus contemporáneos, ese pontífice estará forzosamente empapado de los principios patrióticos y humanitarios que comenzamos a poner en circulación. Es una diminuta semilla de mostaza que estamos sembrando. Mas el amanecer de la justicia nos conducirá a los más elevados poderes, y veréis la cosecha tan copiosa que habrá producido tan pequeña semilla.

A lo largo del camino que estamos trazando, para los nuestros será necesario superar numerosos obstáculos y dificultades, pero triunfaremos gracias a la experiencia y la perspicacia. Mas, el destino es tan espléndido, que se hace necesario desplegar todas las velas para llegar. Si queréis revolucionar Italia, observad atentamente al Papa que acabamos de describir. Si queréis fundar el reino de los elegidos sobre el trono de la prostituta de Babilonia, hacedlo de modo que el clero marche tras vuestra bandera creyendo que sigue la de la Fe apostólica. Si queréis hacer desaparecer el último vestigio de tiranía y opresión, echad las redes como lo hacía Simón bar Joná. Echadlas en las sacristías, seminarios y monasterios en vez de en el mar. Y si no os apresuráis, os prometemos una pesca más milagrosa que la suya. El pescador de peces se vuelve pescador de hombres. Colocaréis a vuestros amigos en torno a la silla de San Pedro. Habréis predicado una revolución vestida con la tiara y la capa pluvial que marcha con la bandera de la cruz. Una revolución que basta con encender mínimamente para que estalle en un fuego que se extienda a todos los rincones de la Tierra» Tengamos en cuenta que esta instrucción hace dos siglos que fue incautada, y hay que verla a la luz de los acontecimientos actuales. El que tenga oídos que oiga.

Corresponsal de España

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