DESCUBRIENDO A LA MASONERÍA VII

CONDENAS PAPALES Y REVOLUCIÓN FRANCESA
Publicado en febrero 12, 2024, 6:16 pm

Veníamos hablando en el anterior capítulo de las condenas que los Estados, junto con la Iglesia, han pronunciado contra la secta masónica a lo largo de la Historia. La intención es hacer un breve resumen, pero al ser tantas, porque tantas han sido sus fechorías, un solo capitulo no fue bastante, por lo que continuamos en este.

Nos quedábamos en la condena de Pio VII en la bula Ecclesiam a Jesu Christo, 1821, y continuamos con León XII en la bula Quo Graviora,  1825. Dice lo siguiente:

Monseñor Leone, siervo de los siervos de Dios en memoria perpetua.

1. Cuanto más graves sean las desgracias que afligen al rebaño de Cristo, nuestro Dios y Salvador, tanto mayor cuidado deben tener para eliminarlas los Romanos Pontífices, a quienes se ha confiado el poder y la responsabilidad de pastorear y gobernar ese rebaño en el nombre del Beato Pedro, príncipe de los Apóstoles.

 5. ¡Oh, si los poderosos de aquella época hubieran tomado en consideración estos decretos como requería la salvación de la Iglesia y del Estado! En ese momento habrían puesto fin al asunto. Pero como, tanto por el engaño de los sectarios que astutamente ocultaban sus asuntos, como por las sugerencias imprudentes de algunos, habían decidido descuidar esta cuestión, o al menos tratarla con descuido, desde aquellas antiguas sectas masónicas, siempre activos, germinan muchos otros, mucho peores y más atrevidos que esos.

León XII vuelve a constatar los peligros de la secta, y en esta bula hace hincapié en la negligencia de los poderosos (reyes, gobernantes, etc.), que en vez de haber atendido a las advertencias de la Iglesia, no consideraron el peligro de la masonería como algo serio. Esta, con mucha astucia, como es costumbre, supo amasarse e infiltrarse en todos los organismos como el óxido, corrompiendo todo lo que tocaban como si de lepra se tratase. Hay que tener en cuenta que, cuando este Papa redacta la bula, habían transcurrido ya varias décadas desde la Revolución Francesa, evento este donde la masonería participó de manera muy activa y por cuya inspiración se llevó a cabo el mayor genocidio de católicos de la Historia moderna. Aparcaremos el tema de las condenas papales y describiremos un poco la acción de la masonería en esta revolución.

En el caso de la Revolución Francesa, es claro y manifiesto el genocidio de católicos que se llevó a cabo. En La Vendée (región francesa) tuvo lugar un exterminio de católicos sin ningún otro motivo, excepto el de no someterse a eliminar la práctica de la Fe. Este proceder se ve calcado en todas las revoluciones tras las que se esconde siempre la masonería (Guerras Cristeras, Guerras Carlistas, la II República Española, etcétera). Un episodio muy curioso es el que aconteció en España luego de la muerte de Fernando VII, en el que nos vamos a parar por ser muy relevante y dejar muy claro al servicio de quién está la masonería illuminati.

Tras la muerte de Fernando VII en 1833, nos encontramos con que tenemos, por un lado, a la futura reina Isabel II con tres años de edad (y la regencia en manos de su madre María Cristina) y, por otro lado, tenemos a Carlos María Isidro (defensor del tradicionalismo cristiano y anti-masón) en pugna por el trono con la regenta, caso que da lugar a la Primera Guerra Carlista.

El trasfondo de esta guerra no es político, es religioso. Al pueblo le daba igual un rey que otro; lo que no daba igual a gran parte de la población era tener que romper con la tradición y la práctica católica. Al año escaso de la muerte de Fernando VII se desata una persecución religiosa en España, promovida desde las logias masónicas (cosa que reconoció el jefe del Gobierno en ese momento en su lecho de muerte, Martínez de la Rosa); estas ejercían gran influencia sobre la regente. Todas las órdenes masculinas fueron exclaustradas (esto quiere decir que, de la noche a la mañana, todos los religiosos españoles fueron expulsados a la calle con lo puesto), y ello significó que más de 30.000 religiosos se encontraron vagando por las calles.

En Madrid mataron a 100 frailes en una noche, muchos despedazados en plena calle, cosa que más tarde se extendería a otras ciudades españolas, permaneciendo el Gobierno totalmente pasivo. Algo que también ocurriría al inicio de la II República. Bueno, pues los esbirros que llevaron a cabo esta masacre, mientras mataban frailes, recitaban el siguiente verso: ¡Muera Cristo, viva Luzbel! ¡Muera Carlos, viva Isabel! Y esto lo refiere Benito Pérez Galdós en los Episodios Nacionales. La pregunta que habría que hacerse es ¿por qué estos bárbaros tenían tanto aprecio a Luzbel? Pero empecemos a ver cómo se originó la Revolución Francesa.

Ya mencionamos en artículos anteriores que Johann Adam Weishaupt, alemán que trabajó como profesor eclesiástico de derecho canónico en la Universidad de Ingolstadt (Alemania), cripto-judío (adepto al judaísmo, pero de manera secreta), askenazi (converso al judaísmo) y cofundador de los illuminati de Baviera (infiltrados en la masonería), junto a Mayer Amschel Rothschild, tuvo mucho que ver con la Revolución Francesa. Esta orden de los illuminati nació con la intención de generar conflictos entre los diversos Estados para acabar con la religión católica y crear un nuevo orden mundial.  

En 1784 los illuminati decidieron algo que cambió por completo el mundo. Adam Weishaupt emitió la orden para que se empezara con los trámites que dieran comienzo a la Revolución Francesa. Esto se hizo en forma de libro y tendría que llevar la firma de Maximiliano Robespierre, aunque el libro fue escrito por uno de los compañeros de Weishaupt (Xavier Zwack). Esto se conoce porque el mensajero que llevaba el libro desde Fráncfort a París fue alcanzado por un rayo. El libro, que detallaba este plan, fue descubierto por las autoridades bávaras. Como consecuencia, el gobierno de Baviera ordenó a la policía atacar a las logias masónicas de Weishaupt del Gran Oriente, convencidos de que el libro descubierto era una amenaza real. El gobierno bávaro declaró fuera de la ley a los illuminati y ordenó cerrar todas las logias del Gran Oriente. Luego envió ese documento a todos los jefes de Estado y de la Iglesia en toda Europa, pero esa advertencia fue ignorada. Al final, el plan terminó llevándose a cabo, ya que cinco años más tarde estalló en Francia la Revolución.

La Revolución Francesa fue algo planificado por la masonería, y, como en otras tantas revoluciones o guerras, el conflicto no se encarniza por el cambio de régimen: lo hace por los asesinatos de odio que llevan aparejados y por las prohibiciones de practicar la Fe. Lo mismo que ocurrió con las guerras cristeras o con las guerras carlistas, pues la gente sencilla no se para a pensar si está en una Monarquía o en una República; el problema viene cuando son obligados a renunciar a sus creencias. Pero la mayor crueldad de todas, y con diferencia, se dio en la zona de La Vendée, zona rural del oeste francés y de profundas raíces católicas. En esta ocasión no solo fue una persecución sembrada de asesinatos y quemas de iglesias. En esta ocasión se trató del mayor genocidio religioso cometido en los últimos tiempos.

Los sacerdotes que no “comulgaban” con el Estado fueron masacrados, se prohibieron las misas y se persiguió cualquier tipo de práctica religiosa. El grito de guerra de los Vandeanos lo dice todo: ¡Devolvednos a nuestros buenos curas!, porque a los pocos que quedaron se les llamaban “los juramentados” (eran afines al Gobierno) y se les tachaba de herejes. Ante esta perspectiva, el pueblo toma las armas y la respuesta gubernamental fue masacrar esa región y acabar con todos: hombres, mujeres y niños. Los métodos de eliminación fueron terribles, desde cocer a las mujeres vivas con sus hijos en hornos de leña (esto puede parecer un cuento, pero no lo es; recomendaría leer el libro de Alberto Bárcena, La guerra de La Vendée), a llenar barcas de gente atada para luego hundirlas en el río. Peinaron todo el territorio matando a toda persona que se encontraban. La Revolución Francesa no fue fiel al lema de “Libertad, Igualdad y Fraternidad” que predicaba; su lema, más bien, fue “Guillotina, Destrucción y Crimen”.

Prueba de que los fieles hubiesen aceptado el nuevo régimen si su práctica religiosa no hubiese sido reprimida por completo, es el testimonio de uno de los principales jefes vandeanos (cita de Alberto Bárcena en su libro), el marqués d´Elbée, que declaró, ante el tribunal que lo condenó a muerte, lo siguiente:

 Juro por mi honor que, aunque deseé un gobierno monárquico, no tenía ningún proyecto particular y hubiese vivido como un pacífico ciudadano bajo cualquier gobierno que hubiese asegurado mi tranquilidad y el libre ejercicio de la religión que profeso.

Y como prueba irrefutable del genocidio llevado a cabo, citamos la orden dada por el general Grignon a sus soldados:

Camaradas, entramos en el país insurrecto. Os doy la orden de entregar a las llamas todo lo que sea susceptible de ser quemado y pasar al filo de la bayoneta todo habitante que encontréis a vuestro paso. Sé que puede haber patriotas en este país; es igual, debemos sacrificarlo todo.

Destaca el testimonio de un tal Gannet (oficial de policía), informando de la actuación del general Amey (que mandaba una división con sede en Montagne):

 Amey hace encender los hornos y cuando están bien calientes, mete en ellos a las mujeres y los niños. Los gritos de esos miserables han divertido tanto a los soldados que han querido continuar esos placeres. Faltando las hembras de los realistas, se han dirigido a las esposas de verdaderos patriotas. Ya veintitrés, que sepamos, han sufrido este horrible suplicio y no eran culpables más que de adorar a la nación.

A la hora de relatar hechos históricos somos conscientes de que podemos equivocarnos en algún dato o hacer una mala interpretación. Eso es algo inevitable. Pero es innegable que en la virulencia y la maldad de ciertas guerras, además de un componente humano, hay algo más: ensañamiento, odio, brutalidad inhumana y diabólica, y sobre todo aversión por la Iglesia. Existen muchos acontecimientos históricos de esta índole en la Historia, y todos los que ha analizado hasta la fecha el que escribe, tienen el sello illuminati en alguna parte. Por sus frutos los conoceréis.

Corresponsal de España

Corresponsal de España

Leave a Reply

  • (no será publicado)