Breve análisis del reciente acuerdo de la OMS

Publicado en abril 21, 2024, 10:19 am

Recientemente, la Organización Mundial de la Salud se reunió en Davos, Suiza, como usualmente lo hacen, para acordar las medidas a seguir en futuras emergencias médicas como la reciente pandemia de la COVID.

Después de leer una reseña publicada en el Washington Post, prestigioso diario de los EE.UU., lo primero que noté fue la calidad del lenguaje y la vaguedad o generalidad de este acuerdo. Esta vaguedad permitiría una puerta abierta a cualquier decisión de los países firmantes, siempre y cuando sigan las pautas expresadas en el acuerdo y que dichos países impondrían sobre el resto de Occidente, pues no creo que nadie se le pueda imponer a China, Rusia o India, y menos a Irán.

Por ejemplo, el artículo 2 dice que el objetivo del acuerdo pandémico de la Organización es establecer principios globales de respuesta a cualquier futura emergencia médica mundial, como una pandemia, y según sus mismas palabras: “Prevenir, preparar y responder” a futuras pandemias, aunque la última antes de la de COVID, o más precisamente del virus SARS-Cov-2 (modificado para atacar a los humanos), haya sido hace cincuenta años. Esta pandemia no fue global, pero afectó a toda la zona de Hong Kong y, aunque hubo casos en diferentes países, probablemente no hayan escuchado hablar de ella: fue la H3N2, gripe china que sucedió en el año 1968.

Anterior a la H3N2 tuvimos la influenza española, mucho más famosa porque afectó a más de cincuenta millones de personas en 1920. El periodo más largo entre pandemias que podemos comprobar, de acuerdo con los datos, es entre la de cólera en 1852 y la peste bubónica o plaga negra en 1347. Sí, varias centurias, pero en las últimas centurias parece haber una pandemia cada 40/50 años, y hay muchos factores, no solo uno. La intención de este acuerdo parece señalar que habrá pandemias más a menudo por la necesidad de la existencia, y no serían prioridad con todos los problemas que hay en el mundo. Por otro lado, uno pensaría que con tanto avance, tecnología y ciencia, hubiéramos estado mucho mejor preparados para el COVID, pero no fue el caso, pues todas las medidas fueron tomadas bajo pánico y sin sentido, y murieron muchas personas que no tendrían que haber muerto, pero son las que pagaron el precio de la estupidez o la ambición humana.

¿En la práctica cómo va a funcionar esto? Sospecho que el lenguaje ambiguo no es coincidencia, especialmente acordándome de todo lo que hemos vivido durante el COVID y de lo que he escrito bastante mientras la pandemia se estaba desarrollando. Otra de mis conclusiones es que la burocracia se va a expandir a niveles sin precedentes. La OMS propone que los países firmantes deben recurrir a esta Organización, ya que esta se autodetermina como la fuente de información precisa, después de explicar que ella misma pondrá en funcionamiento protocolos que a su vez determinen las pautas de procedimiento, con la excusa de aligerar la respuesta, pero que en términos prácticos equivale a la centralización de medidas y la supervisión de los procedimientos para que todos estén alineados en la “misma página”, cosa que es importante, ya que no puede haber margen para disentimiento, pues la Organización proclama que hará la investigación y el chequeo científico para luchar en contra de la misinformacion o desinformación, que al parecer fue una “preocupación” de la pandemia COVID; sí, mucha gente dando sus opiniones, proponiendo tratamientos alternativos y doctores sugiriendo drogas baratas, en fin, una tragedia real.

También, esta centralización va a permitir el aumento de mecanismos que aseguren la transferencia de grandes capitales de los sectores públicos al “cartel farmacéutico”, nombre usado por los estadounidenses que están conscientes de lo que en realidad pasó.

El artículo 14, en el punto 1, habla de las regulaciones que se pondrán en práctica, el fortalecimiento en respuestas rápidas y la aprobación inmediata de drogas para cada evento. La cooperación entre los países firmantes del acuerdo es crucial, ya que los países que participan se ponen bajo la tutela de la OMS, y sus decisiones estarán supeditadas a la misma, no solo como organismo de consulta, sino en cuanto a la toma de decisiones. Por su parte, el punto 2 menciona cómo la Organización implementará la investigación de la eficacia y la seguridad de las drogas usadas, primordialmente las vacunas, y monitorearía la calidad así como la aprobación de las mismas y la forma de distribución con el fin de aligerar el tiempo de entrega.

El artículo 18, en el punto 1, explica que la información concerniente a la vacuna y los medicamentos relacionados será responsabilidad de los países, como también las formas de compilar la información, y resalta la importancia de luchar y contrarrestar la misinformacion acerca de las vacunas o cualquier droga relacionada con el tratamiento de cualquier virus. Esta última parte es la que más me preocupa: una elite que no fue elegida por nosotros determina nuestro destino. ¿Qué sucede si un doctor de un país del tercer mundo encuentra una cura barata o desarrolla una droga que cura y que ninguno de los países del acuerdo conoce o vendería?, ¿será este doctor o este hallazgo considerado?

Con las experiencias de la pandemia pasada vemos cómo ciertas medicaciones fueron descontadas desde el principio, y ahora ya sabemos que son eficientes en curar o prevenir el COVID, en este caso la ivermectina. Personalmente, conozco doctores que se arriesgaron a usarla a pesar de que no estaba en los protocolos, como un médico canadiense llamado Daniel Nagase, que, a pesar de curar a muchos pacientes, su licencia fue cancelada como castigo o acción disciplinaria por probar una droga no “aprobada”.

Como sabemos, la ciencia de estos tiempos está altamente influenciada por el dinero que la soporta. La ciencia no es más acerca de la verdad, sino que está en manos de narcisistas que se prostituyen para recibir grandes becas y dinero para lo que a ellos les interesa investigar; por ejemplo, si hay sapos bisexuales o la evolución de un químico que afecta a las moscas, y mientras tanto hacen todo lo que los espónsores le piden. Por eso debemos ser cautos de este cientificismo o seudociencia, pues la ciencia no debería poderse comprar, sino que debería ser siempre independiente de toda influencia exterior y centrarse en la búsqueda de la verdad.

Y por último, aunque es lo primero en importancia, no hay en este acuerdo ninguna mención de los ciudadanos y sus derechos, como por ejemplo el derecho de la población a decidir qué poner en sus cuerpos, el derecho a información real de los efectos de las vacunas o drogas usadas en los tratamientos o buscar caminos alternativos. Tampoco habla este acuerdo de la compensación para aquellos que puedan sufrir por estas vacunas experimentales o por los efectos secundarios de las mismas.

El articulo 18 puede ser interpretado, sin esfuerzo, como un mayor poder de una Organización que no demostró mucho durante la pandemia, y también de los gobernantes, de censurar en nombre de una crisis y que el “estado de emergencia” pueda ser declarado para controlar o imponer designios no muy favorables al ciudadano común que carece de poder y defensa. Así también, sospecho que este acuerdo favorece a los intereses de la industria biofarmacéutica. Adjunto un croquis con los mayores donantes a la OMS, entre ellos, el infame Bill Gates, que no solo dona mediante la Fundación Bill & Melinda Gates, sino también a través de GAVI, la Organización que Gates creó y fue la responsable de la esterilización de mujeres africanas que recibieron las vacunas de la misma, sin conocimiento y por lo tanto sin consentimiento.

Me pregunto: ¿será que el dinero de los poderosos decide el destino de la humanidad?

Corresponsal de Estados Unidos.

Corresponsal de Estados Unidos

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